DIÓCESIS


 

Proceso Pastoral

La iglesia particular de toluca, en su acción pastoral evangelizadora, bajo la guía de sus pastores
:

1951 - 1980 - Mons. Arturo Vélez Martínez
1980 - 1995 - Mons. Alfredo Torres Romero
1996 - 2003 - Mons. Francisco Robles Ortega
2004           - Mons. Francisco Javier Chavolla Ramos

 

 


Mons. Arturo Vélez Martínez

“Non ego, sed gratia Dei mecum” (1951-1980)


El 17 de febrero de 1951 fue designado el primer obispo de la Diócesis de Toluca, S. E. R. Mons. ARTURO VELEZ MARTÍNEZ, cuya ordenación episcopal se realizó el día 11 de abril del mismo año. A él le correspondió incrementar los esfuerzos pastorales realizados hasta entonces por los distintos Arzobispos de México.

Su tarea evangelizadora se dejó sentir especialmente en las periódicas visitas pastorales y en los esfuerzos por dar vida y organización a las Parroquias, las Foranías, las Asociaciones y Movimientos de los laicos, como fue entre otras, la consolidación de la Pía Unión de Peregrinos al Tepeyac, que se realiza año con año, como una expresión pública de la fe de los diocesanos y de su amor a la Virgen de Guadalupe, “madre del verdadero Dios por quien se vive”.

Dotó a la naciente Diócesis de las estructuras materiales básicas, como son la Catedral, el Seminario diocesano, las Oficinas de la Curia y algunos templos. Un rasgo pastoral, distintivo en ese momento, fue el entusiasmo reinante en todos los habitantes de este territorio, por la nueva Diócesis. En efecto, como anteriormente se ha expresado, después de muchos años de turbulencias en el país por la persecución religiosa, es la primera Diócesis nueva erigida por la Santa Sede: hecho que causó gran expectación en el País, lo mismo que alegría, expectación y renovado entusiasmo pastoral, entre todos los miembros del Pueblo de Dios.

La fundación del Seminario (5 de febrero de 1952), constituyó una firme esperanza para el Obispo y su presbiterio. De inmediato inició la formación de los futuros pastores en Valle de Bravo, dedicándose a la promoción y cultivo de las vocaciones sacerdotales, lo mismo que a la formación de sus presbíteros. Éstos formaron un presbiterio unido y animoso para enfrentarse con las circunstancias difíciles de distancias y comunicación, contando con juventud y disponibilidad para su misión apostólica.

El tipo de pastoral fue la tradicional, centrada en la parroquia, en la vida sacramentaria y en la catequesis, a través del Oficio Catequístico Diocesano.

La Acción Católica Mexicana desempeñó un papel central en el apostolado de los laicos, establecida oficialmente en todas las parroquias; las Asambleas anuales, tanto diocesanas como parroquiales, promovieron el compromiso del dinamismo apostólico.

Después de la participación del Obispo diocesano, S. E. Mons. Vélez Martínez en las asambleas del Concilio Ecuménico Vaticano II, celebrado en Roma: se implementaron las llamadas «Semanas de actualización Teológica» y las «Jornadas de espiritualidad sacerdotal», que tenían como objetivo dar a conocer a los presbíteros en una visión general los documentos conciliares.

La vida diocesana empezó a cambiar. Los documentos del Concilio salieron uno a uno en la Gaceta Oficial; las nuevas disposiciones en las circulares y cartas pastorales. En especial se aceptaron y pusieron en práctica, casi de inmediato, los ordenamientos conciliares que se referían a la Sagrada Liturgia.

Surgieron con gran ímpetu movimientos laicales, tanto de espiritualidad como de apostolado, especialmente los que surgían en el ámbito nacional, como los Cursillos de Cristiandad, las Jornadas de Vida Cristiana, el Movimiento Familiar Cristiano, etc., que vitalizaron y transformaron el espíritu apostólico de los fieles cristianos laicos de la Diócesis.

Este conjunto de hechos, tuvo repercusiones trascendentes en todas las estructuras diocesanas: Parroquias, Presbiterio, Vida Consagrada y movimientos de apostolado laical, porque, entre otros motivos, se quebrantó la unidad de pensamiento, de propósitos y de actividades de la época anterior al Concilio Ecuménico Vaticano II. La nueva visión de la Eclesiología postconciliar causó crisis en la mentalidad y actitudes pastorales de muchos. Finalmente, después de un discernimiento purificante, esta Iglesia diocesana descubrió que en el fondo, la renovación conciliar, constituía un fuerte llamado a la conversión personal, comunitaria y pastoral, según el Evangelio.

El documento de Medellín -de la CELAM- hizo hincapié en las dimensiones sociales de la evangelización, para la formación cristiana de las estructuras y realidades sociales, políticas, económicas, culturales y laborales del hombre de hoy.

En el servicio episcopal de Mons. Arturo Vélez, se erigió la Diócesis de Ciudad Altamirano (27 de septiembre de 1964). Una parte de ésta correspondía al territorio sur de la Diócesis de Toluca.